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Así se construyó la leyenda del Caballero de las Rutas

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Foto: Ramiro Camacho / Facebook

Oscar Crespo Maurice fue probablemente el primer ídolo deportivo en el país en una época en que el automovilismo boliviano vivía su época dorada. El Caballero de las Rutas, ha fallecido ayer al promediar las 16:30 del 27 de abril en La Paz, a la edad de 91 años.

Irrumpió en la escena de las competencias de coches en 1959 en la carrera Doble Padilla, que fue organizada por el Automóvil Club Boliviano Filial Sucre. En los años previos a su actividad deportiva, Oscar se dedicó a la radiodifusión y formó parte de Radio La Plata. Las escasas posibilidades que brindaba la Capital para surgir en el deporte tuerca hicieron que decidiera buscar mejor suerte en La Paz, donde la actividad económica era sustancialmente más dinámica.

Fue entonces cuando a principios de la década de 1960 comenzó a destacar en las competencias nacionales y a mostrar sus cualidades de campeón frente a otras figuras de momento, como Willy Bendeck, Romualdo Delgado y Dieter Hubner, los cuales formaban parte de una nueva generación que venía a sustituir a la de los legendarios Juan Claure y Rafael Leyzán.

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El chuquisaqueño descolló rápidamente entre los mejores pilotos del país, dando inicio a una gran rivalidad –y también gran amistad– con el cruceño Willy Bendeck, conocido por su carácter impulsivo.

No obstante, el primer gran éxito llegó en el año 1965 cuando se coronó por primera vez campeón nacional de automovilismo. La recepción que le brindó la ciudadanía capitalina fue apoteósica y hasta entonces nunca vista para un deportista local.

Los duelos con Willy Bendeck resultaban memorables, pues cuando el piloto oriental lograba el triunfo, el chuquisaqueño quedaba segundo, o a la inversa. Muchas anécdotas se tejieron en esa época, algunas inspiradas y magnificadas por la imaginación de los aficionados. Pero Oscar siempre expresó su admiración y respeto hacia su archirrival, quien falleció trágicamente el 14 de noviembre de 1971 durante la disputa de una prueba a circuito cerrado en su natal Santa Cruz.

Sus principales copilotos fueron Julián Caballero y Arturo “Tulín” Castropinto, con quien protagonizó la mayor parte de sus proezas. Condujo diferentes marcas como Ford, Dodge, Jaguar, Fiat, Honda, BMW y Toyota.

Foto: Mario Roque / Facebook

En 1970, el Automóvil Club Boliviano Filial Sucre inauguró el circuito automovilístico “Oscar Crespo-Ciudad de Sucre”, bautizando a esta prueba con su nombre, como reconocimiento a una figura estelar dentro del deporte tuerca. Esta competencia se convirtió en un verdadero clásico del automovilismo y es única en su género.

Oscar Crespo permaneció en la escena automovilística por casi 30 años, aunque al último sus apariciones fueron muy esporádicas y casi simbólicas. Su palmarés deportivo cuenta con cuatro títulos nacionales (1965-1968-1971 y 1973); un Gran Premio Nacional “René Barrientos” (1968), distintos triunfos en pruebas nacionales como el Circuito San Cristóbal de Oruro, la Cumbre en La Paz y el Circuito que lleva su nombre en la Capital, donde fue vencedor en los años 1971, 1972, 1973, este último en la categoría 1600 cc y en el año 1985 en un duelo muy cerrado con el paceño Jesús Alanoca.

A lo largo de su dilatada carrera, el chuquisaqueño se ganó el respeto tanto de sus rivales y dirigentes, como también de la prensa y aficionados. Fue bautizado como el “Caballero de las Rutas” por su predisposición al juego limpio y a la permanente cordialidad y solidaridad mostrada no solamente hacia sus rivales, sino a quien así lo necesitara.

Cuenta una anécdota que fue protagonista de una acción humanitaria en medio de una carrera. Oscar renunció a ganar puestos cuando vio un coche de un competidor accidentado. Al verificar que el piloto del vehículo volcado estaba herido, pidió a su copiloto que cediera la butaca y corrió llevando al afectado hasta un centro asistencial. Todo un “caballero de las rutas”.

Foto: Heroes del Automovilismo / Facebook

Con Oscar Crespo también comenzó una época de destacados pilotos chuquisaqueños que vendrían después, entre ellos Eduardo Zamora, Armando Paravicini, Joaquín Alvarez y otros que siguieron llevando en alto el nombre del automovilismo capitalino.

Su muerte pone fin a una vida íntegra dedicada al deporte de su pasión, pues en el retiro fue por varios años Presidente del Automóvil Club Boliviano.

Con su muerte, Oscar Crespo deja para siempre las rutas por las que supo cosechar triunfos y también conocer fracasos, pero el recuerdo de quienes tuvieron el privilegio de disfrutar de su caballerosa presencia permanecerá imborrable, como la huella que dejan solamente los grandes a su paso por la vida.

Fuente: Correo del Sur

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