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Ganar sin estridencias, perder con dignidad

Foto: Twitter/@SaudiNT
Late!

La frase no es mía. La tomé prestada de un tipo admirable que comparte mucha sabiduría cada que se planta delante de un micrófono: el Maestro Tabárez. Y tal vez a muchos les parezca que no viene al caso, pero es la primera que se me vino a la mente cuando me puse a pensar en la situación de Bolivia.

La Verde no ganó ni perdió ante Arabia Saudita, empató. Pero considerando sus anteriores campañas y lo que promete ser una transformación estructural desde la dirigencia (sí, por ahora sólo promete), más de uno vio ese resultado –ante un equipo mundialista, dijeron hasta el hartazgo– como un triunfo absoluto.

No está mal, de ninguna manera. Es parte del optimismo que, inevitablemente, nos invade antes de encarar un nuevo desafío (¿o sólo me pasa a mí?), llámese Eliminatoria, Copa América o cualquier otro, por más que, racionalmente, sepamos que nuestras chances de terminar celebrando son de escasas a nulas.

Pero es ahí donde hay que tener cuidado. Todos tenemos ESE sueño (llamémoslo así). Pero hablar de él, a más de un año de que arranque carrera por conseguirlo, es –como mínimo– imprudente. Una ilusión tan grande no se consigue hablando, se consigue trabajando. Día y noche. Sin descanso.

En ese sentido, me parece apropiado parafrasear a otro maestro: César Luis Menotti. Porque, como periodista, escribo estas líneas sin soberbia, pero eso no quiere decir que tenga que ser obsecuente. Así que ustedes también, desde ahí arriba, traten de manejar nuestro sueño con prudencia y humildad, porque es de todos.

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