Un Tigre sorprendido por River

Después del asedio inicial del Tigre –cinco minutos, como máximo–, River encontró el camino en el Siles. Con mucho orden, mucha inteligencia para administrar sus energías y un Rodrigo Mora descollante, el equipo de Marcelo Gallardo empujó a The Strongest hacia la desesperación.
Foto: Club Atlético River Plate
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Después del asedio inicial del Tigre –cinco minutos, como máximo–, River encontró el camino en el Siles. Con mucho orden, mucha inteligencia para administrar sus energías y un Rodrigo Mora descollante, el equipo de Marcelo Gallardo empujó a The Strongest hacia la desesperación.

Después del golazo de Mora, que inventó una tijera espectacular de media vuelta, el Tigre no volvió a ser el mismo. Se podía observar por el sector del banco local, Mauricio Soria pedía calma a sus futbolistas, por momentos con mucha vehemencia. El equipo no conectaba –pesó demasiado la ausencia de Veizaga– con el marcador en contra y a cada minuto se hacía más evidente la falta de argumentos ofensivos.

En la segunda mitad, el estratega atigrado intentó corregir varios aspectos, pero las situaciones no llegaban. Marcelo Barovero, que ya había tapado tres pelotas de gol en los primeros cuarenta y cinco, seguía imbatible, respondiendo en todas las chances aisladas que generó el local.

River podría haber abrochado el partido en varias oportunidades, pero no estuvo fino en la definición. Desperdició cuatro chances clarísimas, las mejores en los pies de Driussi, que no supo definir como pedía el partido. Y vaya si su equipo lo iba a lamentar.

El único error de la visita fue dejar con vida al Tigre, en un escenario donde se hace muy fuerte. Con más garra que fútbol, como dicta la tradición aurinegra, el equipo fue a buscar el empate por todos los medios. River se dejó estar, es cierto, pero no hay que quitarle méritos a quizás el único jugador atigrado que estuvo a la altura del partido: Alejandro Chumacero.

El mejor jugador del local en el partido recibió una pelota de Pablo Escobar –que no tuvo un buen partido, pero siempre juega bien– en el área, con perfil para rematar de zurda, casi sin ángulo. En ese momento, toda la tranquilidad que necesitaba el Tigre estuvo en los pies de Chumita, que hizo pasar de largo a sus dos marcadores con un recorte y la puso bien arriba, con muchísima potencia, de la única manera en la que se podría vencer a Barovero. Sangre fría en la definición del ídolo aurinegro que, como se dio el partido, salvó un punto que a la larga será importante para el Tigre.

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