El Qatargate: La Copa sí se mancha

Pagan los especuladores, compra la FIFA, festeja Qatar, se enriquecen (más) los de siempre y pierde (una vez más) el fútbol.

Pagan los especuladores, compra la FIFA, festeja Qatar, se enriquecen (más) los de siempre y pierde (una vez más) el fútbol.

Así se podría resumir el escándalo (público) más grande en el que se ha visto envuelta la siempre polémica, cuestionable y sospechosa Federación Internacional de Fútbol de Asociaciones (FIFA).

Se lleva la copa. El emir de Qatar Hamad bin Khalifa Al-Thani (izq.) celebra después de asegurarse el Mundial. Blatter sonríe.

El Qatargate puso en evidencia, como nunca antes, que los dirigentes del fútbol mundial tienen voluntades que se tasan en el mercado. No valen tanto las gestiones diplomáticas y las grandes inversiones que hacen los países para lograr ser la sede de la Copa del Mundo, los que inclinan la balanza son los agentes financieros y los dólares fáciles que hacen circular.
Nada menos que el secretario general de la FIFA, Jérôme Valcke, escribió en un correo electrónico la siguiente frase: “Han comprado el Mundial 2022”. Lo hizo poco después de que se eligiera a Qatar como la sede.

Nunca sabremos si aquel mail que le filtraron fue excrito en tono de broma (como él dice) o era un diagnóstico certero de lo que sucedió (como creen los investigadores). Lo cierto es que si lo dice un jerarca del fútbol como él, tenemos motivos para sospechar.

Una comida secreta entre el presidente francés, Nicolás Sarkozy, y el titular de la UEFA y ex crack, Michel Platini, con el príncipe qatarí Al-Thani en noviembre de 2010 sería el punto de partida de la “operación”.

El segundo capítulo sería la aparición de un inversor del mismo país que compró, salvó y revolucionó al Paris Saint Germain junto con la irrupción del gigante multimedia de Oriente Medio Al Jazeera en el espectro televisivo francés. A Sarkozy le interesaba restar la influencia de Canal +, un medio con línea crítica hacia él.
La novela sigue y es apasionante. Un superclásico sudamericano en Doha que se definió con un gol de Messi también es parte del culebrón.

El paquete por el que los colosos sudamericanos aceptaron llevar su espectáculo hasta Asia incluía varios millones de dólares y toda clase de regalos para dirigentes y jugadores.

Hace unos días, Uruguay y España, campeones en sus continentes, jugaron un partido en ese mismo estadio.

Veinte días después de que el crack del Barcelona liquidara a la verdeamarelha, el presidente de la Asociación de Fútbol Argentino, Julio Grondona, emitió su voto a favor de Qatar 2022.

Antes de la “operación”, tanto el octogenario dirigente argentino como Platini habían comprometido sus votos por Estados Unidos, el otro finalista para ser el anfitrión de la Copa del Mundo que se jugará dentro de nueve años.
La revista France Football, que realizó una investigación de dos años sobre el Qatargate, asegura que Grondona cambió de opinión con la ayuda de 20 millones de dólares. The Wall Street Journal fue más lejos y aseguró que el “capo” del fútbol argentino vendió su voto por la friolera de 78 millones.

El Comité Ejecutivo de la FIFA tiene apenas 26 miembros. Ellos son los iluminados que deciden, a través de sufragio, donde se juegan los mundiales. Imagínese lo que puede cotizar sólo uno de esos votos.

Nicolás Leoz, jerarca de la Conmebol y uno de los 26, también habría sido incentivado. Él niega haber visto “un centavo sospechoso” en sus 50 años de burócrata del fútbol.

Grondona ya anunció que dejará la vicepresidencia de la FIFA y la titularidad de la AFA en 2015. La Federación Internacional de Fútbol ya perdió la quinta parte de su Comité Ejecutivo por el escándalo y nadie tiene dudas de que las investigaciones se llevarán a algunos más.

Ricardo Teixeira dejó la Confederación Brasileña de Fútbol después de 23 años de mandato por sus escándalos locales. Él y el máximo dirigente del fútbol español, Sandro Rossell, están en la lista de “beneficiados”.

¿Vientos de cambio? Aún son pocas las señales. Los emporios económicos ya mostraron que son capaces de doblegar gobiernos para seguir al mando del fútbol. Diego tenía razón, pero su inmortal frase quedó incompleta: la pelota no se mancha; la Copa, sí.

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Fútbol y esquizofrenia

Juan José Campanella está a punto de concluir la producción de Futbolín. La película, según el director consagrado con un premio Oscar por El secreto de sus ojos, es “la revancha de una partida de futbolín jugada años atrás y que se convierte en una pelea por el honor, el amor y el futuro de un pueblo”.

Es fútbol y es guerra. Fútbol y esquizofrenia. Como dice Eduardo Sacheri: “Hay quienes sostienen que el fútbol no tiene nada que ver con la vida del hombre, con sus cosas más esenciales. Desconozco cuánto sabe esa gente de la vida. Pero de algo estoy seguro: no saben nada de fútbol”.

 

*Boris Miranda es periodista (@ivanbor)

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